Archivos de la categoría ‘2009’

Ceniza sobre ceniza

Julio 31, 2009

Pasa el tiempo. Transcurren otoño, invierno, primavera,… Y, cuando llega el verano, volvemos a toparnos con la terrorífica estampa, teñida de gris y negro –trágicamente, a veces, de luto-, que dejan tras de sí los incendios.

Año tras año se repite la misma historia: arden los campos y los bosques de nuestros montes, los gobernantes se comprometen a hacer lo posible para que hechos de tal dimensión no vuelvan a producirse, los ciudadanos nos lamentamos, los tertulianos echan humo por la boca, las páginas de los periódicos arden al calor de las llamas (llenas de análisis, gráficos, etc. que nos informan sobre el fuego desbocado que arrasa nuestro preciado patrimonio natural).

Y ahí queda la cosa. Todo esa irritación, indignación, pena, exasperación; todos esos sentimientos, todas esas palabras, se evaporan en no mucho más de lo que, arriesgando sus vidas, los magníficos profesionales de los distintos grupos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (bomberos, ejército,…) tardan en lograr controlar y apagar el fuego.

Si todos hablamos, pero nadie actúa, el año que viene, por estas mismas fechas, estaremos, de nuevo, lamentándonos por no haber hecho lo suficiente por evitar que pasara otra vez.

Está claro que es imposible detener a todos los desalmados a los que se les ocurra coger un bidón de gasolina, regar el bosque, prenderle fuego, y destruir Dios sabe cuantos cientos o miles de hectáreas, pero también es cierto que se podrían hacer muchas cosas más de las que se hacen para evitar los incendios no provocados o para reducir el número y la gravedad de los provocados: labores constantes de vigilancia y de mantenimiento y cuidado de los montes, endurecimiento de las penas para los delincuentes medioambientales, campañas informativas de concienciación, etc.

Y es que, aunque pueda sonar a tópico, los incendios se evitan en otoño, en invierno, en primavera. Cuando llega el verano sólo queda conformarse con apagar los fuegos prendidos y contemplar como toda la vegetación que engalana nuestros montes queda reducida a un triste montón de ceniza.

Etarras reagrupados

Marzo 19, 2009

Hace apenas unos días nos desayunábamos con la noticia de que a la pareja sentimental y criminal integrada por los etarras “Txapote” y “Amaia” se le había concedido la reagrupación. En base a esa resolución, ambos etarras podrán cumplir sus condenas en la misma cárcel, teniendo derecho a verse al menos dos veces al mes.

Al parecer, y en vista de cómo ha sido resuelto el asunto, la ley favorece este reagrupamiento (que ya se ha producido). Lo que no puede por menos que provocarnos desazón y repulsión, y hacernos reflexionar acerca del excesivo garantismo de nuestras leyes, sobre todo, al ver cómo satisfacen los deseos de unos sujetos que segaron, sin ningún tipo de miramientos, la vida de varias personas.

Estos asesinos disfrutan, sin embargo, de aquello que arrebataron a sus víctimas: la vida y la posibilidad de vivirla. Ya es bastante más de lo que merecen.

Miguel Ángel Blanco, Fernando Múgica, Gregorio Ordóñez y José Luis López de la Calle no pueden vivir esas vidas, sus vidas, porque los sanguinarios etarras les hurtaron esa posibilidad. Miguel Ángel, Fernando, Gregorio y José Luis no pueden estar junto a sus familias y amigos, no pueden acompañar y guiar a sus hijos, no pueden envejecer junto a sus parejas, no pueden tocar la batería, hacer política o escribir en los periódicos. No lo pueden hacer porque esta siniestra pareja de tortolitos, a la que nuestro Estado de Derecho permite estar acompañados el uno del otro, así lo decidieron. Ciertamente, son terribles estas paradojas de las que, abochornados e impotentes, hemos de ser testigos.